
A ti que has escuchado mis penas y mis fantasías hasta la saciedad, que me comprendes y me ayudas más que nadie muchas veces, que por ti me muero y a la vez te intento olvidar.
No puedo vivir con tu recuerdo, pero tampoco sin él, eres lo mejor y lo peor que me ha pasado en la vida y aun así, aquí estoy, a las tantas de la madrugada sin poder dormir, o sin querer dormir por miedo a verte dormida, a besarte, a tocarte, a hacerte cosas que me odiaría a mí misma por el resto de la eternidad.
Sólo te digo que te vayas, aléjate de mí, deja de hablarme, porque sabes que yo no lo voy a hacer.
Vete ya al infierno que ya nos encontraremos por allí.
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