miércoles, 21 de julio de 2010

Caperucita Roja


-Mamá, ¿dónde vas? -Dijo una pequeña niña con una caperuza roja.
-A casa de tu abuela, que está un poco enferma- le respondió con su voz dulce y calmada.
-¿Puedo ir contigo?
-¿Y quién cuidará entonces de la casa? No, tú te tienes que quedar aquí, con la puerta cerrada.
-Pero yo quiero ir a ver a la abuelita, ¿por qué no me dejas que vaya yo sola? Todos me conocen, así que no hay peligro de que me ocurra nada.
-No me fío, en el bosque es muy fácil perderse.
-Pero yo lo conozco muy bien, ya verás como no pasa nada.
-Bueno, está bien, pero te quiero de vuelta antes de las diez de la noche.
-De acuerdo mamá- le dio dos besos a su madre y se fue con la cesta muy contenta.

Empezó a caminar muy contenta, con la cesta dando tumbos en su brazo derecho hacia el bosque, cuando solo habían pasado quince minutos, escuchó algo entre los arbustos, se giró rápidamente intentado descubrir algo, pero no vio a nadie. Siguió andando, un poco más intranquila y de nuevo oyó algo que no le hizo mucha gracia,se quedó quieta, esperando algo invisible, pero tampoco apareció nada. Andó un poco más, hasta que vio un pozo y como estaba cansada se paró a beber agua, entonces de entre la maleza, apareció un enorme lobo negro. Caperucita se quedó paralizada del miedo al ver a aquella bestia sentarse a su lado.

-No te preocupes, no voy a hacerte nada- le sonrió el lobo-. Me llamo Feroz, pero que no te engañe mi nombre, no suelo comer niñas tan guapas como tú.

Caperucita apartó la mirada de él, se levantó y empezó a caminar como si nada hubiese pasado. El lobo al ver que la niña se alejaba de él, empezó a correr hasta colocarse delante suya.

-No huyas de mí, te prometo que no te haré nada.
-Me han dicho que no me fíe de los desconocidos.
-Yo me he presentado, así que ya me conoces, en cambio tú no me has dicho tu nombre, en este caso tú eres la desconocida- le racionó Feroz.
-Me llaman Caperucita Roja- le contestó con voz temblorosa la niña.
-Encantado Caperucita. ¿Y qué haces aquí, en medio del campo tú sola? No irás a hacer una merienda sola, ¿verdad? Te podría acompañar- bromeó el lobo.
-No, voy a casa de mi abuela que está un poco enferma.
-Si quieres te puedo aompañar- se ofreció compasivo.
-No hace falta, está cerca, pasando el lago.
-Pues si quieres jugamos a ver quien llega antes, es muy aburido estar aquí solo.
-Me parece bien- aceptó alegre la niña.
-Bien, yo iré por la derecha y tú por la izquierda, quien llegue el último tiene que pagar con algo.
-Bueno, yo te puedo dar una magdalena, pero, ¿tú que me puedes dar?
-No lo sé, pero ya lo pensaremos si me ganas.

Y quedando así las cosas los dos empezaron a andar. Como era lógico, el lobo llegó antes a la casa de la abuela, pegando a la puerta y fingiendo la voz de la niña. La abuela notó la voz muy cambiada, pero pensó que tal vez fuera del resfraiado, que le había afectado al oído, así que se levantó y abrió la puerta. El lobo sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre ella, mordiéndole sin piedad el cuello, haciendo que se desangrara mientras se bebía sus fluidos con avidez, tratando de manchar lo menos posible la ropa de la anciana. Pronto empezó a ponerse más palida de lo que ya estaba, y sus flojos gritos no eran más que unos susurros. Su vida acabó en brazos del lobo, que la encerró desnuda en el armario de la habitación, se vistió con sus ropas y en el momento de meterse en la cama escuchó como Caperucita abría la puerta.

-Abuela, ¡he ganado, he ganado! -Le dijo emocionada la niña.
-¿Y qué has ganado cielo?- Contestó el lobo con su mejor voz de anciana.
-Una carrera con un lobo que había en el bosque.
-¿Pero cómo se te ocurre hablar con un lobo? ¿No sabes que son malos?
-Sí, pero él se presentó, se llama Feroz, te dejo en la cocina la cesta que me dio mamá, ¿vale?
-Vale cariño, bueno siéntate aquí con la abuelita, que hace mucho que no te veo.
-¿Cómo te encuentras?
-Mejor, ahora que ya estás aquí.
-Parece que se te han hinchado un poco los ojos.
-Sí, pero no pasa nada, así te veo mejor.
-Y las orejas, se te han puesto tiesas.
-Así te oigo mejor.
-Y la boca, los dientes se te han afilado y alargado.
-Son para comerte mejor.
-¡¡¡¡AHORA!!!!

Del grito que dio la niña el lobo se asustó mirando a todas partes, cuando la puerta cayó bajo la fuerte patada de un cazador que lo apuntaba con una escopeta. La niña se apartño y con un leve asentimiento de cabeza avisó al cazador para disparar, cosa que no se pensó dos veces, y con un fuerte estruendo descargó la escopeta en la cabeza del lobo, haciendo que sangre y parte de la masa gris de su cerebro se quedaran pegadas en la pared.

-Siento que hayas tenido que presenciar esto, niña.
-No pasa nada señor, al menos me ha salvado.

2 comentarios:

Dark Javier dijo...

Que guayy que goreee! pero le falta un poquito más! :P
PD. La caperuza está para algo... muahahah xD

Lum dijo...

Jajajaja, es que.. esto es público, ¿y si lo lee algún niño? 8-)