lunes, 19 de abril de 2010

Los Pecados de Dios

Capítulo I
Lujuria

Los dos fueron al mismo parque a por víctimas que pudieran saciar su sed de sangre y sexo. Era un parque grande, con un paseo suficientemente largo donde poder caminar, patinar, e ir en bici sin molestar a nadie. Estaba adornado con robles, y encinas a los lados del paseo. Ambos seres, atractivos y con mucha experiencia a sus espaldas, sabían perfectamente cuales eran las personas idóneas para sus crímenes, pero parecía que la suerte ese día no estaba de su parte. Se sentaron, cada uno en un banco, pero uno frente a otro, sin quitarse la vista de encima, calculando cada mínimo movimiento, pues los dos sabían perfectamente lo que eran.
Demonios, de los más temidos que puedan existir, ya que sus pobres víctimas no podían dejar de desearlos y caían necios en sus garras. Súcubo e Íncubo decidieron intercambiar expresiones pero sin ni siquiera abrir la boca.

"No te había visto antes por aquí- dijo la Súcubo, una bella mujer, de piernas largas, cabello moreno, rizado y sumamente largo, con unos labios rojos y unos ojos verdes almendrados preciosos".
"Yo a ti tampoco- contestó el hombre que la miraba, aquel hombre de ojos negros penetrantes, con el pelo un poco descuidado, pero que lo hacía más interesante aún y un cuerpo bien desarrollado".
"No coincidiremos, aunque esta no es mi hora de caza, ahora está todo desierto, como bien has podido comprobar".
"Es normal, dado que son las tres de la mañana".
"Si tan normal lo ves, ¿a qué has venido entonces?- Inquirió la Súcubo.
"Altos cargos".
"Había oído hablar de vosotros, pero no entiendo que puede ocurrir para que te hagan venir aquí por temas de trabajo".
"Tampoco te interesa- dijo con tono cortante".
"Si no me interesara no mantendría esta conversación, hay más vida en otros sitios".
"¿Qué sabes de Uwe Stain?"
"Algo he oído, pero no me fío de las habladurías".
"Haces bien".

Durante un rato no mediaron palabra alguna, estuvieron investigando en sus cabezas, para la información que les podía ser útil a cada uno. Uwe Stain era un asesino, uno de los mayores sanguinarios de la historia, contaban algunos que mataba a sus víctimas torturándolas, algunas torturas eran más crueles y otras menos, según el grado en el que mereciera morir, otros contaban que no era él, que sólo era gente contratada para los asesinatos. Sobre sus "trabajos" se decía que era por ajustes de cuentas de su estirpe, otros publicaban que eran criminales y que él repartía su propia justicia, y otros que era gente inocente y sólo era para aplacar su ira, pues no podía contenerla durante mucho tiempo y saltaba con poco.
La verdad de todo esto aún sigue sin descubrirse, es un misterio sin resolver. Pero lo importante era el trabajo que le había encomendado a Gabriel, que así se llamaba el Íncubo. Su cometido era encontrar a un ángel llamado Damien Min, del que no tenía mucha información, ni tampoco sabía para qué lo necesitaba Uwe, solo sabía que alguien en aquella pequeña ciudad de California podía ayudarle, pero no sabía quién.
De repente Judith, la Súcubo, se levantó, y empezó a caminar perdiendo todo contacto mental con su compañero.

-¿A dónde vas?- Preguntó Gabriel.
-Sígueme- contestó morbosa Judith.

Caminaron durante un rato hasta llegar a un edificio no muy alto, antiguo, pero con un encanto especial. Estaba hecho de ladrillo, con tejas en el porche y barrotes negros que le daba un poco de siniestralidad. Una escalera desgastada les conducía a una puerta de madera vieja, que era la entrada al bloque.

-¿Vives aquí?- Preguntó Gabriel al ver que entraba en aquel inmueble.
-No tengo una residencia fija, pero ahora mismo esto nos servirá para investigar.
-¿Quién te ha pedido que me ayudes?
-Por algo has venido a mí.
-Puede que sólo busque una cosa de ti.

Judith hizo caso omiso de esto último y entró en la vivienda, era un bajo no muy grande pero suficiente para una pareja, con las paredes pintadas de un color amarillo pastel. Tenía dos habitaciones y un salón amplio, estaba poco amueblado, una estantería, un sofá, una lámpara de pie y un par de cuadros en las paredes. En cuanto cerró el Íncubo la puerta se avalanzó hacia ella, haciendole caer, y le aprisionó manos y piernas para dejarla inmovilizada.

-¿¡Pero qué te pasa!?- Gritó Judith
-¡Dime todo lo que sabes!
-Te he traído aquí para ayudarte maldito chiflado
-No me has dejado que leyera tu mente, algo ocultas- dijo con algo de cautela Gabriel
-Quería traerte aquí
-¿Con qué propósito?
-Con este- y acto seguido acercó su cara a la de él para darle un beso largo e intenso.

Él desaflojó un poco sus manos para poder besarla mejor, y en cuanto terminó el beso la levantó del suelo llevándola al cuarto. Éste estaba equipado solo con una cama y un par de cortinas viejas, con estampado de flores. La tiró a la cama sin delicadeza alguna, aunque tampoco lo necesitaba, eran casi indestructibles, sin embargo sabían que lo que iban a hacer les podía dejar muy debilitados a ambos.Pese a todo no les importaba, llevaban días sin poder dar con ningún humano apetecible, y entre ellos aunque no había posibilidad de comida al menos se desfogaban con más fuerza que con cualquier persona de la calle. Sin parar de besarse fueron quitandose el uno al otro la ropa, quedándose simplemente con la ropa interior. Judith tenía unos senos voluminosos que él no paraba de apretar y lamer con ansia. Ella jugaba con el sexo de él, acariciándolo por encima del boxer, notando como se endurecía a cada simple roce de su mano. Dando una vuelta se puso ella encima de él, besándolo y bajando poco a poco por su cuerpo, el cuello, el torso, masajeando los abdominales bien marcados que tenía, el ombligo, y llegando cada vez más a su sexo. Pero pasó de largo llegando a la parte interna de los muslos, descendiendo por la rodilla y llegando a los tobillos para volver a subir. Subir y subir hasta empezar a hacerle la mayor felación que podría sentir Gabriel en su vida. Era totalmente diferente a todo lo que podía haber experimentado antes, era subreal, aunque en su mundo nada era imposible. Él marcaba el ritmo agarrándola del pelo, mientras ella lamía sin piedad cada centímetro de su sexo, produciendole un placer casi insoportable.
Ahora era el turno de darle placer a ella, que se levantó y se puso a su lado en la cama a cuatro patas, insinuándose, esperando a aquel cuerpo impresionante. Aprovechando lo excitada que ésta estaba empezó a meter su miembro dentro de ella, con un ritmo lento pero constante, notando como llegaba hasta el fondo y como disfrutaba con ello. Poco a poco aumentaba la velocidad, sin dejar de besarle y tocarle por completo, haciendole estremecer de gusto y comenzando a soltar gemidos más altos y gritos apagados, que en poco tiempo comenzaron a cobrar fuerza y llenaban la habitación, gritos tanto de ella como de él. Decidieron cambiar de posición, ahora ella se encontraba abajo, notando la virilidad de él empujando con fuerza sus paredes internas, abrazada y sin soltarse a él. Sentía que pronto se iba a ir, y a la vez notaba como se iba quedando sin fuerzas, y también lo apreciaba en el Íncubo, que cada vez iba haciendo pausas más prolongadas y en un tiempo menor, hasta que los dos terminaron a la vez en un gran orgasmo.
Notaron una inmensa descarga y después nada, silencio, vacío. Todo estaba oscuro, no se molestaron en encender la luz si quiera, y allí se quedaron durante unas horas, exhaustos y muy cansados, no sabían que podían llegar hasta ese punto. Pero podía haber sido peor, podían haber perdido la vida, sospechaban que no deberían volver a repetirlo jamás, pues una repetición sí podía ser el fin de los dos seres.

"Ahora debes decirme todo lo que sepas sobre Damien"- sonó la voz de Gabriel en su cabeza
"Yo no sé nada, pero sí puedo acompañarte a algunos bares donde poder indagar- respondió sin fuerzas Judith".
"De acuerdo, pero tendrá que ser mañana temprano".
"Sin problemas puedes quedarte aquí el tiempo que necesites".

11 comentarios:

Anna dijo...

Perfecto amorcito!!!!!!!

Que pornoo todooo jijiji!!

tee quieroooooo!!!

Viva la lujuria!!!!!

Lum dijo...

Jajajajajaja, la lujuria es mi pecado favorito
Quería dejarlo para uno de los últimos pero... las ganas pudieron conmigo jajaja
Te quierooooooo

Anna dijo...

ahora pregunto...sólo va a ver 7 capítulos???

que eso no te lo he preguntado todavía...xDD

Lum dijo...

Aún no lo sé, creo que pondré un par más... pero aún no sé jajaja

Luis dijo...

LuuuR..esta muy chuloo... peroo ¿va a morir alguien?? adelantaloo!!
ah! para cuándo el próximo capituloo!!

Lum dijo...

¡¡Aaaaah!! Aquí no se revela nada, y el próximo capítulo espero publicarlo como muy tarde la semana que viene ^^ aunque puede que para esta semana esté listo

Lum dijo...

:O ¡¡¡Ves!!! A alguien no le ha gustado =(
¡¡Anónimo, lo siento, no sé escribir mejor!!

=(=(=(=(=(

Anna dijo...

No digas esoooooooooooooooo!! a todo el mundo no le puede gustar lo mismo!!! nadie va a tener buenas críticas por algo siempre!!! a mi me gusta y a mucha gente también!!! no te pongas tontis corazón!!

te quieroooooooooo!

Lum dijo...

Si ya lo seeeé, yo estaba esperando en realidad que alguien pusiera que no le gusta, como tu dices a todos no les puede gustar lo mismo, si dijera que a todos les tuviera que gustar iría en contra de mis principios.. jajaja
Tequierooooo

Dark Javier dijo...

muy buenooo! no puede tener otro título... ¡hazte escritora! =P

Lum dijo...

Jajaja, mis ganas de ser escritora se reflejan aquí, pero no va a más