jueves, 22 de abril de 2010


Los Pecados de Dios

Capítulo II
Pereza

A las 8 de la mañana ya estaban en pie, aún exhaustos pero decididos a encontrar toda la información posible, fueron al salón y empezaron por trazar un programa para el día. Se acercarían a los barrios bajos de la ciudad en cuanto pudieran, antes debían asegurarse de que nadie les hubiera seguido, y que no hubiesen descubierto lo que son. Allí donde querían empezar a investigar habitaban demonios de todas clases, sin alma ni compasión, donde se vendían a cambio de comida y bebida. Allí podrían hablar con algún vagabundo sin miedo a que les viese nadie. Luego se acercarían ya caída la noche a algún bar, donde Judith tenía algunas amistades y podría preguntarles acerca del ángel que buscaban.
Planeado el día se pusieron a ello, asegurando las puertas para que nadie pudiera entrar, ni escuchar lo que ocurría dentro de la vivienda. Asegurado todo se dirigieron al sur de la ciudad, donde estaban los vertederos y donde vivía la parte marginal de la ciudad, los fracasados, los ludópatas, los drogadictos y gente inmunda por lo general. Allí vieron a dos vagabundos peleando, una parecía una mujer de unos cuarenta y pocos años, pelo rubio, largo y muy descuidado, era alta y delgada, aparentaba un pasado de buena vida, de lujos, riqueza y puede que algún vicio oculto, además tenía algo que atraía, pero seguramente hubo algo que se interpuso entre sus metas y ella que le hizo ir a parar a aquel lugar. La otra persona parecía un hombre bastante mayor, de unos setenta años largos, pelo canoso y espalda encorvada, pero con fuerza aún para gritar improperios. Pudieron entender un poco de la discusión, se fijaban en sus gestos y cogían palabras sueltas, pero la que más les llamó la atención fue "ángel". Salía de la boca de la vagabunda varias veces, defendiéndola, mientras que el hombre escupía palabras más que decirlas, en contra de lo que ella le decía. En un arrebato de odio se avalanzó a por el anciano intentando matarlo, pero antes de que pudiera hacer nada Gabriel y Judith se pusieron por medio para evitar el desastre.
-¿Pero qué intentáis?- Gritó Gabriel por encima de los insultos.
-¿Y vosotros quiénes sois?- Dijo la mujer, que aunque sabía que no tenía nada que hacer contra ellos seguía intentando agredir al anciano.
-Eso no importa, ahora responde, ¿qué ha pasado para que lleguéis a este extremo?
-¿Y tú quién te crees que eres para hablarme así niñato insolente?
-Ven conmigo. Judith, habla con él a ver que puedes sacar.
-De acuerdo- dijo Judith
"¿Crees que podremos hacer algo con ellos?- Le preguntó Judith, sin que ninguno de los otros presentes se enteraran".
"No lo sé, pero ahora mismo no tenemos nada mejor- respondió Gabriel acompañado de un movimiento de cabeza, indicandole que no perdiera más tiempo".

Gabriel y la mujer avanzaron un poco pasando unas montañas de basura que habían dejado los servicios de limpieza municipales. Encontraron unas cajas de madera que parecían resistentes, y allí decidieron sentarse para que ella se pudiera tranquilizar un poco, mientras que él le observaba considerando si podía confiar en lo que le dijese. Transcurridos unos instantes, y tras varios intentos de tranquilización fallidos, pudo comenzar a respirar más pausadamente, y por lo tanto era el momento de responder algunas preguntas.

-¿Me puedes explicar ahora qué pasó antes?- Preguntó con un tono tranquilo Gabriel.
-Son cosas de vagabundos, a un señorito como tú no creo que le interese- espetó la vagabunda al fijarse ahora mejor en la ropa que llevaba su moderador.
-¿De verdad piensas que no me interesa?- Respondió ampliando esa sonrisa perfecta, que como poco hizo quedar boquiabierta a la mujer.
-No.
-¿Cómo te llamas? Y por favor, ¿qué te pasó para que estés aquí?
-Me llamo Iliana Zephyr, y hace cuestión de unos meses mi ángel me abandonó.
-¿Tu ángel?
-Me acompañaba desde pequeña, desde que apenas tenía 7 años- contestó afligida.- Siempre que me sentía mal, o creía que iba a pasar algo "malo" él siempre estaba ahí, con sus hermosas alas abiertas de par en par, protegiéndome de todo. Pero ahora, cuando más noto que mi vida no tiene sentido, cuando más le necesito, no está. No sé qué le ha podido pasar, pero empecé a dejarme, a mí y a mi familia, me volví una holgazana. Dejé mi trabajo, me encerré en mi habitación, esperándolo, pero no apareció, hasta que mi alrededor pensó que era mejor que estuviera en un psiquiátrico, con ayuda especial, pero yo no necesito eso, yo necesito a mi ángel, así que escapé y corrí lo más que pude hasta llegar aquí. Al principio no vi a nadie, estaba asustada, pero luego conocí a John, es el hombre que estaba despreciando a mi ángel, decía que no era verdad, que yo estaba loca y le estaba mintiendo, pero no es así. ¿Tú me crees, verdad?- Terminó con un tono esperanzador, temiendo desilusionarse de nuevo.
-Claro, por supuesto que te creo, porque yo lo estoy buscando también, así que necesitaría saber dónde vivías antes, y por lo tanto empezar a buscar desde allí.
-Yo antes vivía en Free House Calls, 158, no está lejos de aquí, o eso creo.
-Vale, no te preocupes, nosotros lo encontraremos, ahora intenta descansar, seguro que han sido unos meses muy duros.

A la misma vez que el Íncubo interrogaba a Iliana, Judith hacía el mismo tanto con el hombre, que parecía más divertido que asustado. Este parecía un enigma en sí, tan mayor y en un lugar tan penoso como aquel. Tenía los ojos azules, cansados y estaban apagándose, se veía un mundo por él. Parecía pedir a gritos que la muerte lo llevara con él, pero no lo hacía, sufría por ello y aún así no le llevaba, pero nada podía hacer en contra. Judith empezó preguntando por su nombre a lo que el anciano contestó casi sin pestañear.

-Me llamo John Fait, tengo setenta y un años, soy nativo de San Di...
-Tranquilo, no hace falta que hables tan rápido- interrumpió de buena gana Judith-. Sólo te voy a preguntar desde cuando está esa mujer aquí.
-Lleva poco, pero desde que está aquí, no para de hablar de ese estúpido ángel. ¡Parece una niña, hablando de cosas que no existen!
-Sí, el poder de la imaginación, a veces puede ser tu peor enemigo. ¿Y qué es lo que dice de ese ángel?
-Fíjese lo demente que está, que asegura haberlo visto, y no una vez o dos veces, no, sino desde que era pequeña, que le ayudaba en sus peores momentos. Habrá confundido a su madre con un ángel.
-Seguro que es eso. ¿Y no dijo si lo había visto hace poco por aquí?
-No, dice que hace unos meses que ya no lo ve, que la abandonó, y que ahora está perdida sin su ayuda.
-¡Vaya, qué triste! ¿Y si le digo que no está mintiendo, que los ángeles existen?
-Le diría que usted está también de manicomio- respondió un tanto sorprendido y perdiendo un poco la sonrisa de la cara.
-¿Y que los demonios también existen?
-¿Por qué me hace estas preguntas tan raras? ¿Quién es usted?- En ese momento perdió todo rastro de sonrisa que pudiese quedar.
-Porque soy uno de ellos.

Sin darle tiempo a pestañear ya se encontraba detrás, cogiéndole el cuello y haciendole girar trescientos sesenta grados la cabeza. Ahora ya no tenía de qué preocuparse, estaba descansando en paz y no escucharía más locuras ni improperios. Fue a encontrarse con Gabriel que estaba terminando de hablar con Iliana.

-¿Cómo va la cosa?- Preguntó satisfecha con su investigación Judith.
-Bien, hemos terminado de hablar, así que nos podemos ir ya- contestó Gabriel.
-No, creo que no. A John le ha dado un infarto de tanto exaltarse, ahora deberemos rezar por su alma.
-Oh, yo no quería que llegara a este extremo, de verdad, no era mi intención, solo defendía a mi protector- comenzó a decir a toda prisa Iliana, estaba empezando a respirar otra vez con dificultad.
-Tranquilízate, no pasa nada, ha sido la edad, era un hombre mayor, no es culpa de nadie- intentó tranquilizarla Gabriel, pues no quería más muertes ese día.
"Debes acabar con ella, sabe demasiadas cosas de tu ángel".
"¿Tú la ves peligrosa? Porque yo no- contestó desafiante".
"Si no lo haces tú cualquiera que vea el cadáver y a ella empezará a husmear, y se puede ir de la lengua, no queremos eso, ¿verdad?".
"Bueno, tienes razón, pero deja que lo haga yo".
"Es toda tuya".

Busco en el suelo algo afilado con el que poder atravesar la garganta de su próxima víctima. Encontró un trozo de cristal roto y tan rápido lo cogió lo clavó en el cuello de Iliana que aún estaba maldiciendose por lo que había ocurrido. Desangrandose poco a poco empezó a orar una pequeña frase una y otra vez, hasta vaciarse por completo y dejar allí un gran charco de sangre. Pronto los basureros irían a llevar más basura y encontrarían los cadáveres, así que marcharon rápidamente antes de que los encontraran allí. Volviendo al piso iban en silencio hasta que Judith lo rompió.

"¿Qué has podido averiguar?"
"Calle Free House Calls, 158. Ahí está nuestro próximo destino".
"No está lejos, pero antes deberías ducharte, estás lleno de dulce sangre".
"Lo sé".

10 comentarios:

Anna dijo...

Me puedes explicar por qué no comenta nadie?? xDDD

Me gusta pomelito!!!

te quierooooooooooooooooo!!

Lum dijo...

Jajajaja, pues no lo sé, a lo mejor no les ha gustado =(
Ains pero al menos te gusta a tiiii melocooootón
¡¡Te quierooooooooooooooooo!!

Anna dijo...

Tú sígueloo!! que yo te leo!! y más gente también que te lo dicen por el tuenti, lo que pasa que no comentan! pero mientras te lo digan por otra parte y sepas q gusta...todo esta bien!!
tee quierooooooooo!

Lum dijo...

Pues sí tienes razón, hay gente que le ha gustadoo ^^
Aiiiins
Tequieroooooooo

Luis dijo...

eii estaa chulooo!! lur de donde te sacas estoo??
mi nota very well! :p

Lum dijo...

Jajaja, me lo saco de la cabeza, muchas graciaas por tu nota ^^

Anna dijo...

El niño es tonto jajajaja

Lum dijo...

Jajaja, déjalo, al menos de vez en cuando me comenta, creo que ha comentado aquí por tu primer comentario jajajaja

Dark Javier dijo...

me gustaaaa, ¡pero van a matar a todos con la tontería! que no los pileeeen! :S :S :S

Lum dijo...

Jajaja, es que han tenido mala suerte al encontrarse con estos dos... jaja