viernes, 26 de marzo de 2010

Un Dios egipcio


Sentía como mi piel se helaba cuando pasaba por mi lado, y calaba mi ropa hasta llegar a la piel haciendo que se erizara. Aquel dios egipcio de largos cabellos morenos, era de lo más bello que cualquiera hubiese podido alcanzar, alto, musculoso y con labios carnosos que incitaban a besar sin parar y con frenesí. Él no podía ni imaginar que tan humilde plebeya quisiera amarle para toda la vida e incluso hasta la eternidad. Cuando hablaba con sus doncellas tan dulcemente, a mi se me clavaban en el alma como mil puñales ardiendo todas las miradas que les regalaba a ellas, mientras que yo, apartada en un oscuro rincón los veía reír y disfrutar.Cada vez soñaba más con él, en todas las locuras que quería hacer con él, pero me despertaba y me derrumbaba al saber que solo era un sueño, que no podría estar con él jamás.

En un momento, no sé que instante de ellos, nuestras miradas se cruzaron, y en ese momento me di cuenta que no eras para mí.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

**(Melocotón)**

le has vuelto a ver??

Lum dijo...

Lo vi un par de veces más jajaja. Pero fíjate en las casualidades de la vida, a quien describo también se le puede aplicar a quien tu sabes, aish

Lum dijo...

Lo estoy volviendo a veeeeeer jajajaja

Dark Javier dijo...

Y que bien le quedaría una continuacion! en serio, está muy bien... describe el sentimiento que hace estragos en nuestro corazón... la envidia, la cercanía, que a la vez es tanta lejanía.... ¡porqué! :'(

Lum dijo...

Porque él va a la universidad y yo al trabajo... jajaja, pero bueno, al menos lo veo, y nos quedamos mirando^^