martes, 13 de julio de 2010

Algo nuevo

Te veo en sueños y siento que puedo volver a enamorarme,
Que puedo volver a sentir esas ansias por besar, que puedo ser feliz.
Pero luego despierto, me hablas, y pierdo la esperanza,
Pierdo lo poco que he conseguido, te pierdo.
Estoy confusa, no encuentro nada de sentido en mí,
No entiendo qué me pasa,
No sé si te quiero, o quiero olvidarme de él.
Lo que sí sé es que quiero descubrirlo.

lunes, 5 de julio de 2010



Los Pecados de Dios

Capítulo VI
Envidia

-¿Sí?- Dijo una voz grave al otro lado del teléfono.
-Uwe, soy yo- respondió Gabriel.
-¿Y qué quieres? ¿Has encontrado a Damien?
-No, pero nos gustaría verte, necesitamos contarle algunas cosas en persona, importantes.
-Ya sabes mi opinión sobre las visitas.
-Lo sé, pero si esto es tan importante, supongo que podrá hacer una excepción.
-Espero que sirva de algo, si no ya sabes lo que te espera- amenazó Stain.
-Ya verá como sí- aseguró Gabriel-. ¿Dónde podemos encontrarnos?
-No me encuentro ahora mismo en California, así que os tendréis que desplazar.
-No hay problema, solo diga dónde.
-Está bien, debéis ir a Jerusalén, a Beit Zait concretamente.
-¿Está seguro de que es allí?
-Estoy ahora mismo aquí, ¿acaso desconfías de mi palabra?
-No quería decir eso.
-Entonces aquí os veré, cuando lleguéis os diré el sitio exacto de mi oficina.

Sin más, Uwe colgó. Ahora estaban confusos, no sabían que pasaba allí, pero tenía que ser algo grande para que tanto mal se refugiara allí. Sentían ser solo unos peones en una guerra de reyes. Aún así no vacilaron en ir en su encuentro con Stain.

"Debemos ir lo antes posible al aeropuesto- dijo Judith".
"Sí, por una vez estoy de acuerdo contigo".
"Una vez".


En un par de horas ya habian conseguido los billetes y se encontraban de camino a la puesta de embarque, esperando a que la azafata les revisara. Cuando lo hubo hecho entraron y se acomodaron en sus asientos, esperando que el avión despegara con esa sensación de velocidad que da al principio.

"Tengo la sensación de que vamos a pasar unos malos días allí- pensó Gabriel más para sí mismo que para Judith".
"No, solo estaremos en otro infierno".
"Y no te es suficiente".
"No es nada comparado con todo lo que he pasado a lo largo de tantos años, pero parece que para ti va a ser la primera vez que lo pases mal de verdad".
"Tampoco es eso, simplemente prefiero mi infierno de siempre".
"No importa lo que tú, o nosotros queramos, al fin y al cabo no dejamos de ser marionetas".
"Cierto".
"Deberíamos dormir un poco al menos, aún quedan bastantes horas de vuelo para llegar a nuestro destino- zanjó Judith la conversación".

Tras tres malas comedias y unos cuantos hilos musicales para dormir llegaron a Jerusalén, donde por fin descubrirían el verdadero rostro de Uwe. Gabriel vio una cabina en la otra parte de la terminal, se dirigió a ella y marcó de nuevo el número del demonio.

-Ya nos encontramos aquí, en Jerusalén, ahora cogeremos un taxi hasta Beit Zait.
-De acuerdo, mi oficina se encuentra en Derech HaZeitim, aseguráos de que no os siguen, y cuando lleguéis aquí decid que vais de parte de Damien.
-¿No es más seguro que digamos que vamos de su parte?
-Yo sé bien lo que digo.
-Sí.

Salieron del aeropuerto respirando la desolación del lugar, pobreza e indignidad. Pararon un taxi de matrícula indescriptible, conducido por un tipo poco menos que agradable, que les miraba desde el espejo retrovisor un poco desconfiado al tener extranjeros subidos en el auto. Le indicaron a dónde debía dirigirse, pero antes de encender el auto tuvieron que pagarle un tanto por ciento de la carrera sin hacer. Habiéndole entregado el dinero de mala gana y con unas pocas palabras más altas que otras arrancó el taxi dirección Derech HaZeitim.
Intentaron relajarse y admirar el paisaje, pero les resultó difícil al estar rodeados de chabolas, niños que no jugaban, no reían, no aprendían, que a lo más que aspiraban era a sobrevivir un día más y poder dejar de ver muerte a su alrededor. Se fijaron también en el contraste tan grande que había allí al ver un edificio que no cuadraba entre tanto mal. Era un hotel de unos veinte pisos de altura, con grandes y bonitos jardines ornamentando la entrada principal, la fachada de un blanco impoluto era simétrica, siendo la base más ancha que la azotea. Se fijaron por poco en el nombre de la calle y al ver que coincidia con la que Uwe les había indicado le gritaron al conductor que parara dando un frenazo un tanto peligroso. Pagaron el resto de la carrera y bajaron del taxi, se quedaron allí admirando tanto contraste, aquel era donde se encontraba Stain, no entendían porque se alojaba allí cuando era algo tan importante y había tanto misterio entre ellos, sin embargo entraron sin dudar un instante, ansiosos de respuestas y averiguaciones sobre todo aquel tema.
Nada más entrar se aceraron y preguntaron por Damien como les advirtió que procedieran Uwe. No tuvieron ningún problema con ello, el demonio se alojaba en la habitación 56, que se encontraba en el ala oeste del piso 15. Se dirigieron al ascensor donde un encargado les preguntó a qué piso iban, los demonios se lo indicaron y empezaron a subir con un hilo musical muy usado en ascensores. Se produjo un silencio incómodo interrumpido por un cordial despido al abrirse las puertas. Comenzaron a buscar la habitación de Uwe, asegurándose que no había nadie vigilándoles de cerca. Una vez encontrada suspiraron a la vez y llamaron a la puerta, tras dos timbrazos les abrió alguien que no esperaban, y tras él, Uwe, aquel personaje con el que tenían cuentas pendientes, pero que en un segundo o menos, olvidaron. El demonio se encontraba tirado en un sofá esperando su visita, con la televisión encendida pero sin mirarla. Les sonrió y les pidió que tomaran asiento.

-¿Tanto tiempo para esto? ¿Tanto tiempo malgastado para que tú lo supieras todo? ¿A qué mierda juegas? - Gritó Judith
-Cálmate, no te va a servir de nada con este indeseable- dijo Gabriel con toda la tranquilidad que pudo-. Pero es cierto, ¿a qué viene tanto misterio para esto?
-Nos han descubierto, ¿eh Damien?- Rió Uwe con el ángel caído que había en la sala.
-Anda, cuéntales ya todo- respondió cansado.
-Está bien- empezó cambiando el tono y poniendose serio-. Veréis, esto solo era el principio, os estábamos probando, queríamos comprobar si seríais capaces de encontrar a alguien que es casi un fantasma. Va a haber un enfrentamiento y queremos que vosotros seáis quienes informéis al mundo sobre todo lo que ocurra.
-¿Enfrentamiento? ¿Con quién?- Inquirió Gabriel.
-¿Acaso no te lo imaginas? Seguro que Judith algo intuye.
-Bueno, puedo imaginar de quien se trata, por la forma de ser de las personas que hemos estado conociendo, pero no tenéis nada que hacer, ya habéis visto que aunque saben que es algo malo, creen que es bueno, y que también es buena la persona que los convierte así- respondió Judith.
-Por eso, solo por eso queremos dejar claro todo. Tenemos un sentido de justicia un poco diferente, no debe apuntarse ese tanto, ya que ni es bueno, ni lo ha hecho "él".
-¿Noto un poco de envidia en tus palabras?- Burló Judith.
-Sí, y no me niego a decirlo. ¿Sabes Gabriel?- Se giró para hablarle al Íncubo esta vez-. Cuando te dije que no era quien creías, me refería a que tengo más poder del que puedas imaginar, yo soy la antigua mano derecha de Dios, aquel que fue desterrado del cielo por enfrentarse a él, sí, me enfrenté a él por envidia, porque todos estabamos a sus pies sin motivo, sólo porque él era el creador, un creador injusto- explicó escupiendo odio en todos sus vocablos.
-¿Quieres decir que eres el diablo?
-¡Já! "El diablo", ¡qué nombre! Pero sí, llámame como quieras, diablo, Satán, Leviatham, Astaroth, Belial, Lucifer, Azazel, Semyazza... Pero prefiero Uwe, es más corto- bromeó-. Ahora en serio, ¿nos ayudaréis a contar la verdad sobre todo?
-Pero si no va a servir de nada, tiene demasiada gente engañada, y demasiada gente con poder para destruirnos con solo un chasquido.
-Lo sé, pero recuerda quien soy.
-Sí, alguien a quien derrotó una vez y que seguro ésta volverá a hacerlo. ¿Y tú?- Se volvió hacia Damien- ¿Quién te hizo eso?
-"Su enviado a la Tierra"
-¿Su supuesto hijo?
-Sí, ese llamado Jesús.
-¿Ha regresado otra vez?- Preguntó extrañada Judith.
-Sí, pero solo para pararnos los pies, y no es como lo cuentan, te lo puedo asegurar- recalcó con sarcasmo Damien.
-¿Y porqué ahora ésta cruzada? - quiso saber Gabriel.
-Porque no aguanto más ver como él se lleva el triunfo sobre todo y yo tengo que quedarme aquí, en el infierno, en la agonía viendo como se regodea con todo lo que él llama "bueno". Aunque no te voy a mentir, dinero no me falta, obtengo todo lo que deseo y más, y si soy el malo de todo esto tendré que serlo con razón, así que te puedo asegurar que he mentido, robado, violado y matado, pero al menos lo hago a sabiendas. Sin embargo él oculta todo, cuanto más santo es, más le quieren, al fin y al cabo son unos hipócritas, hoy en día por muy buen samaritano que seas alguno de sus mandamientos incumplirás y volverás a caer. Por eso ahora estoy decidido a desenmascararle, a dejarlo solo y apartado, que todos afirmen sus errores y se den cuenta de la culpa sin miedo.
-No lo vas a conseguir, no sé porque te empeñas, dirán que es culpa tuya, que tú lo incitas a todo- le replicó Gabriel.
-Porque ahora lo veo todo más claro, no me digáis que no queréis hacer el mal, sois demonios, se podría decir que sois sangre de mi sangre.
-No estamos diciendo eso, ocurre solo que no sabemos ni porqué ahora, ni porqué nosotros.
-A eso puedo responder yo- dijo el ángel que salió de su silencio-. Os llevo observando desde hace décadas, cada uno de vuestros comportamientos, vuestras vítimas, la forma en la que atraíais su atención, y como lo hacíais con ellas. Estaba buscando a quien conociera mejor a los humanos, a quienes supieran como tratarlos y como quitarles las vendas de los ojos, llevarlos al buen o al mal camino, pero saber conducirlos al fin y al cabo. Tras tantos años viendoos a vosotros, estudiando a los demás sujetos que habéis llegado a conocer, pude afirmar que eráis los únicos que podíais realizar este encargo, sabéis manejaros en este mundo, comprendéis a los humanos mejor que ninguno de nosotros. En resumen, os necesitamos.
-¿Y si no aceptamos esto?- Preguntó un poco molesto Gabriel.
-Significará que estás de su parte- dijo tajante Uwe.
-Por mí podéis estar tranquilos, estoy deseando impartir un poco de justicia a este mundo, y estoy segura de que en el fondo Gabriel también lo está- dijo la Súcubo en nombre de los dos.

"Vamos, esta es tu oportunidad de demostrar que los demonios no son tan malos, sólo hacemos las cosas a nuestra manera- le pidió Judith".
"Sí, tienes razón, no debemos desaprovechar esta oportunidad".

-Claro que tiene razón. Se os olvida quien soy, ¿no?
- Hay que asimilar las cosas poco a poco.
-Sí, ya.
-Expliquémosles ya el plan- le apresuró Damien.
-De acuerdo, esto va a ser muy fácil.

viernes, 2 de julio de 2010

Conociendo a un Dios

A pasado algún tiempo desde nuestro último encuentro, pero no he podido olvidar tu majestuosidad, tu manera de mirar ni tu forma de encantar. Ahora me siento diferente, más segura al hablar contigo, pero como te dije, tengo miedo a las diosas, diosas poderosas, con un juego diferente, peligroso a fin de cuentas. Pero no te voy a negar que me gusta jugar con fuego, hasta que al final me queme.
Sí tengo que decirte, que no se me olvidan las locuras y cuando tenga el valor suficiente para relatarlas, serás el primero en saberlo, donde y cuando tú quieras, mientras tanto te dejaré con la intriga, que te corrompa por dentro, hasta que duela... Parece cruel, mas todo depende del lugar en el que te encuentres.
Puede que algún día descubras lo difícil que es sentir cuando se es sólo una plebeya.

miércoles, 30 de junio de 2010

El teatro del amor
























La función no acaba
Hasta que el telón baja,
Cuando termine mi monólogo,
Solo entonces acabará todo.

No te voy a dirigir palabras de amor,
No te las mereces.
No te voy a dirigir palabras de odio,
Pues no has hecho nada malo.

Este va a ser mi último escrito para ti,
Donde solo habrán palabras de resignación.

Me queda esperar a alguien como tú,
A quien querer y amar como a ti.

También decir que espero seas feliz,
Que ella te de lo que quieres,
Que te quiera
Y sepa complacerte.

Este es el final de la obra,
Donde el telón cae
Y todo sobra.

jueves, 17 de junio de 2010

Los pecados de Dios

Capítulo V

Avaricia


-¡Eh, vosotros! –Espetó una voz a lo lejos-. ¿Cómo habéis entrado ahí?

-Pues por la puerta, creo que es el método más utilizado en este país, y en el mundo entero-. Dijo burlona, pero a la vez tajante Judith.

-Es la casa de un viejo amigo, nos dejó las llaves por si necesitábamos utilizarla algún día-. Contestó Gabriel.

-Eso no me interesa, solo me interesa que ahora está abandonada, puedo acusaros de allanamiento, sí, creo que será lo mejor, que os lleve a comisaría y allí podáis entrar con permiso… por la puerta-. Se reía por dentro solo por esa última frase, pero además añadió-. Además, no os había visto antes por estos barrios.

-No somos de aquí, así que dudo que nos haya podido ver antes. Vamos agente, si quiere podemos entrar dentro y hablar sobre todo lo que quiera, creo que usted conoce esta casa mejor que nosotros.

-¿Y por qué debería hacer tal cosa? ¿Y que pruebas tienes de eso que acabas de decir?- Empezaba a pensar que no eran gente normal, pero seguía con voz de alto mando.

-Vamos Eve, seguro que le interesa...


Le enseñó un poco de dinero que encontraron junto a la nota, cuando a la policía se le agrandaron los ojos de placer, casi excitante, pero enseguida volvió a su seriedad para preguntarle.


-¿Cómo sabes mi nombre?

-¿Entiendes ya por qué te interesa venir con nosotros?

-Está bien, veamos en qué acaba la cosa.


“Acabará en lo que tenga que acabar- pensó Gabriel”.

“Exacto- se relamía Judith”.


Se dirigieron a la puerta, ya que casi no les dio tiempo a cruzar la avenida, e iban con la cabeza absorta cada uno en sus pensamientos. Eve con miedo y a la vez con ansias del dinero que le había mostrado; Judith con impaciencia, con ganas de terminar con la vida de aquella engreída; Gabriel, el más centrado de los tres, sentía como poco a poco se estaba desenmascarando todo y le aliviaba por dentro.


Una vez en la morada, fueron directamente al salón, omitiendo la cocina por si el olor despertaba la curiosidad de Eve, y no supiera aún lo que le había ocurrido a Damien.


-Ahora, vayamos por partes-. Dijo la policía-. ¿Qué hacíais aquí?

-Seamos sinceros, estamos investigando un caso de alto secreto, usted nos contesta algunas preguntas, y nosotros respondemos a las que podamos de las suyas- negoció Gabriel

-Es un trato poco justo.

-¿De verdad piensa eso?- Y soltó otro fajo más de billetes que tenía guardados en el bolsillo interno de la chaqueta.

-Al menos quiero averiguar cómo sabéis mi nombre.

-Sabemos muchas cosas de ti, pero eso no importa, solo queremos que nos digas lo que sepas sobre Damien Min.

-Antes pasaba por aquí, pero hace semanas que no aparece.

-¿Entraba en esta casa?

-Sí, bastante a menudo, creo que estaba haciendo aquí algún tipo de investigación, porque no paraba de traer papeles.

-¿Tenías encargado vigilar a ese hombre?

-No, pero me ayudó en su momento, y ahora quería ver si podía yo ayudarle, lo veía decaído, y siempre estaba alerta, me resultaba raro ese comportamiento en él.

-¿Cómo te ayudó?

-Me sacó de la pobreza, mi marido y yo estábamos en una mala situación, y él nos ayudó con el tema económico, gracias a él le debo nuestra casa y nuestra buena vida.

-¿No sabrás por casualidad qué le pasó?

-Algo sí que vi, un poco extraño, pero algo.

-Explícanos que pasó, por favor.

-Sí, os puedo contar lo que escuché, no es mucho, pero creo que vosotros lo sabréis interpretar mejor que yo.


“Puede ser- pensaron los demonios”.


-Llegó un hombre, bastante decidido a irrumpir en la casa, pero no sé por qué dudó y llamó a la puerta, -hizo una pausa para recordar bien los detalles de la escena- Damien abrió, pero no le vi asomarse a preguntar quién era, supongo que ya esperaba aquella visita.

-¿Pudiste ver la cara de aquel hombre?

-No pude verle, estaba oscuro y yo estaba de incógnito, prefería que no me viera nadie, así que mi visión tampoco era muy buena. Sólo vi que era alto, moreno, iba vestido con una camisa blanca y una chaqueta larga de cuero negro.

-Hay miles de personas con esa descripción en toda la ciudad- reprochó Judith.

-Os cuento lo que vi.

-De acuerdo, sigue.

-A partir de aquí no pude ver nada más, pero sí escuché un poco de la conversación que mantenían en el salón. Los primeros minutos no escuché nada, pero luego el hombre no paraba de repetir algo de fidelidad, y de no saber con quien se enfrentaba. Parecía que aquel hombre tenía más poder sobre las cosas que Damien, aunque sinceramente, lo dudo.

-¿Por qué lo dudas?

-Debí mencionar antes que Damien, es, un ángel, por muy estúpido, o loco que parezca. Puede que no me creáis.

-Da igual lo que nosotros creamos. Queremos información, saber todo lo que puedas contarnos, pero sí decirte que hay algunos seres más poderosos que los ángeles.

-¿Quiénes? ¿Dios y Satanás?- Dijo con tono burlón.

-Si crees en los ángeles, ¿por qué no crees en Dios y en Satanás?

-Porque todos en algún momento de nuestra vida hemos visto algún ángel, y no hace falta que tengan alas, pero en cambio,¿ alguna vez has visto a Dios o a Satanás?

-Bueno, sigue contando qué más escuchaste.

-Poco más, pero sí puedo asegurar que Damien tiene que estar malherido, empezó a gritar como un loco, parecía que le habían arrancado el corazón del pecho.

-Puede que lo haya hecho-añadió Judith sin darle importancia.

-Aparte de eso, ¿escuchaste algo más que pueda ser de ayuda?

-No, ahora mismo no recuerdo nada más.


“Miente- dijo Judith aburrida”.

“¿Por qué crees eso?”

“¿Es que no te das cuenta? Quiere más dinero, dale un poco más, entonces dirá algo más importante”.

“Probaremos tu método”.


Del bolsillo interior de la chaqueta que llevaba Gabriel, sacó mil dólares más, y los puso encima de la mesa, a la vista de Eve. A esta casi se le salían los ojos de las órbitas al ver aquella cantidad.


-¿A qué viene tanto dinero?

-Es para darte las gracias a ayudarnos con todo esto.

-Bueno, también está una frase que dijo aquel hombre, pero no entendí.

-A ver dinos.

-Aquel hombre le dijo “reúnete conmigo en Jerusalén, si sabes lo que te conviene”.

-¿En Jerusalén?

-Por eso os dije que vosotros lo entenderíais mejor.

-Está bien, ¿y algo más sobre Jerusalén? ¿Alguna dirección?

-No, sólo eso, pero no creo que Damien vaya, ese hombre ha perdido el tiempo, no va a cambiar de idea solo por unas amenazas.

-Seguro. ¿Y cuando se fue aquel hombre no entraste a socorrer a Damien?

-No, una vez me dijo que si le pasaba algo corriera, que no me preocupara y me fuera.

-No deberías haberle hecho caso, ahora podríamos saber donde está o incluso estar con él.

-Conoce a mucha gente, puede que dejara alguna pista dentro de la casa.

-Ya la hemos registrado de arriba abajo y no encontramos nada de ese estilo.

-En fin. ¿Puedo irme ya?- Terminó Eve.

-Sí, vete, si te necesitamos en otra ocasión ya te encontraremos- se despidió Gabriel


“¿Lo entiendes ahora? Yo diferencio entre el bien y el mal, parece que tú aún no conoces esa diferencia- restregó Judith sin piedad.

“Y parece que tú la conoces muy bien, aunque en mi opinión, más que diferenciar, te has vuelto demasiado fría”.

“Y tú eres demasiado blando, no entiendo cómo puedes ser un demonio”.

“Un demonio no solo es maldad, un demonio hace las cosas a su manera, por eso se le considera malo”.

“De acuerdo, pero prefiero aceptar que soy mala y serlo, antes que parecer un falso ángel”.

“Si te fijas aquí los papeles se están cambiando”.

“Cierto, pero no voy a cambiar. Tienes que aprender a diferenciar entre el bien y el mal, y no pensar que todas son buenas personas, eso te llevará a más de una equivocación”.

“¿Y tú qué eres?”

“Mala, lo sabes y no lo niego, pero soy un demonio, debo serlo, es mi naturaleza, y la tuya también”.

“Me hablas como si nunca hubiera matado a nadie”.

“Sí, has matado, pero por necesidad o presión”.

“¿Por presión?”

“Mataste a Iliana porque yo te presioné”.

“Pero tenías razón, podría haberse ido de la lengua”.

“¿Y crees que en su estado de locura alguien le habría creído?”

“Hay mucha gente buscando sus cinco minutos de fama, y los ángeles son muy polémicos”.

“Sabes que no habría pasado nada, pero te sentiste presionado, quieres hacer todo bien, sea haciendo el bien o el mal”.

“Bueno, dejémoslo por ahora. Además hemos conseguido más información a mi manera que a la tuya.”

“Sí, pero hemos perdido mucho tiempo, y tampoco hemos averiguado mucho más de lo que ya sabíamos”.

“¿Ah, no? ¿Y lo de Jerusalén?

“Sí, Jerusalén, un país de más de 763.000 habitantes”.

“No discutamos ahora que solo nos queda encontrar a Damien”.

“Sí, cuanto antes lo encontremos antes podremos separarnos”.

“De acuerdo. Había pensado en ir a hacer una visita a Uwe”.

“¿De qué crees que serviría?”

“No sé si servirá, pero por lo que te dijo, es el momento de hacerle una visita, además no tenemos nada mejor que hacer”.

martes, 8 de junio de 2010

Todo pasa


Palabras, palabras tan sentidas como te quiero, para siempre, mi vida. Sólo son palabras, que se las lleva el viento, que solo sirven si son dichas con el corazón, y que llenan si son de la persona que te llena.

Tener cuidado con lo que se dice es una buena precaución, tanto palabras de amor, como de odio son peligrosas, según cómo se digan y a quién.

Quiero decirte, que te equivocas, te equivocas conmigo, no eres el más adecuado para decirme según que palabras, me gustaría que las sintieras de verdad, igual que yo las siento, algún día dejaré de quererte como lo hago, y entonces verás que aunque no te quiero como la que más, te quiero lo más que puedo.

viernes, 14 de mayo de 2010

Los Pecados de Dios

Capítulo IV
Soberbia

Allí se encontraban unas alas enormes, blancas, manchadas de abundante sangre pero preciosas al fin y al cabo. Era obvio que se las habían quitado por la fuerza y contra su voluntad. Sólo una persona puede convertir un ángel, en un ángel caído, y ese era Dios, tenía que averiguar por qué esa crueldad, cual era el pecado de ese ángel y por supuesto donde se encontraba ahora. Estaría débil y habría escogido aquella casa porque la conocía de sobra y sabía que iba a estar vacía.

"Intentémos sacarlas de aquí- le dijo Judith".
"¿Estás loca? Este es el mejor sitio donde pueden estar, la gente cree que es una casa abandonada, así que ni mirarán"
"¿Y sí la quiere vender alguna inmobiliaria?"
"Para cuando eso ocurra ya se habrá terminado todo este asunto"
"Bueno al menos llevémosla a la cocina, esto está bastante oscuro"
"Vale, de acuerdo- zanjó Gabriel".

Una vez instalados en la cocina, permanecieron un tiempo en silencio, observando las alas, les resultaba raro ver algo tan atroz y tan bello a la vez. Aquellas alas no querían dejar la vida atrás, pues la sangre no se coagulaba, los huesos estaban brutalmente arrancados, pero todavía les sacudía algún espasmo. Después de varias cabilaciones sobre el pecado de aquel nuevo ángel caído, y pensar en cómo sacar las alas de allí, y llevarlas a casa de Judith, Gabriel cortó el silencio de sus mentes.

"Tenemos que buscar algo más"
"¿Sí? ¿Dónde? Ya hemos mirado todo en esta casa"
"Sí, pero algo se nos puede haber pasado por alto, es una casa grande y hemos ido a lo fácil. ¿Has mirado en el desván, por ejemplo? ¿O en el sótano?"
"En el desván no hay nada, solo ropa vieja y mucho polvo"
"¿Y el sótano?"
"No sabía que había sótano"
"Ya tenemos otro lugar donde buscar"

No hizo falta decir nada más, así que se dirigieron a él, no tuvieron que buscar mucho, vieron una puerta allí mismo, en la cocina, en la que no se habían percatado antes. Tenían que bajar una escalera bastante empinada, se fijaban en todo, estando alerta para cualquier cosa que pudieran pasar por alto, o por lo que pudieran encontrar. Cuando llegaron abajo y dieron al interruptor no pudieron creer la inmensidad de aquel sótano, había cogido dos sótanos, y los había unido hasta tener aquel terreno lleno de archivos. Se acercaron a una mesa, y vieron nombres, fotografías de Iliana y Phil, también había fotos de ellos dos y de un par de personas más que no reconocieron. Sabía todo sobre ellos, sus familias, sus trabajos, sus inquietudes, sus virtudes y sus defectos, sus pecados. Podían reconocerlo por algunas palabras sueltas, pues no entendían mucho, estaba todo escrito en Esperanto, así que no entendieron todo lo que allí ponía, pero sí pudieron reconocer un gran dibujo que consistía en un triángulo con un ojo en el centro, el símbolo de Dios. Estaba tramando algo contra él, sin embargo no sabían qué podía ser, pero podían sospechar que Iliana y Phil tenían algo que ver, aunque no lograban ver el qué.

"Tengo que hablar con Uwe- pensó Gabriel"
"¿Tienes? Querrás decir tenemos, ¿no?"
"No, sé muy bien lo que he y debo decir"
"¿Te recuerdo que sin mí no hubieras logrado nada de esto?"
"¿Te recuerdo que nadie te pidió que me acompañaras? Viniste por tu propia cuenta, ahora no te vas a llevar el mérito de todo"
"Reclamo lo que es mío"
"¿Tuyo? No me hagas reír"
"Voy a hablar yo con Uwe mejor- aventuró Judith"
"Ni se te ocurra"
"Detenme"
"Que no te ciegue la soberbia"
"Estaría perdida sin ella, sólo te pido que hables en nombre de los dos con Uwe"
"Cuando todo esto acabe no te quiero volver a ver"
"No te quepa duda"

Cogieron todo lo que les pareció de importancia, lo subieron arriba junto a las alas e intentaron poner un poco de orden entre todo aquel caos. Gabriel empezó por las fotografías y Judith por lo que parecían sus trabajos y familias. Lo ordenaron viendo que Iliana trabajaba en una empresa de seguros, era de las responsables más importantes de allí, su marido, Aaron, trabajaba de abogado en un buffete del centro, ocupándose de los juicios más sonados, mientras que Carrie, su hija menor que tenía seis años, iba a una escuela privada. También tenían un hijo mayor, que vivía en Francia, se llamaba Erwin, y trabajaba en una empresa de telefonía móvil. Desde que desapareció Damien para ella, su marido le abandonó llevándose a la niña consigo y perdiendo todo contacto posible con ella, pensó que se había vuelto loca y que podía pasarle algo a Carrie estando a su lado.
Sobre Phil venía un archivo un poco más extenso, el cual miraron por alto. En este enumeraba sus múltiples trabajos como notario, o director de una sucursal, además de sus carreras universitarias y sus postgrados, pero no le sirvió de mucho cuando Damien se cruzó en su camino. Se conocieron en el Eternal Blood que por aquel entonces frecuentaba como cliente Phil y además Damien conocía por sus contactos. Éste lo esperó entre las sombras del patio trasero del local y le ofreció llevarlo, pudiendo tener todos los lujos que él quisiera, y Phil eligió la droga, heroína, cocaína, éxtasis, así se convirtió en el drogadicto que es ahora.
Descubrieron además la procedencia de sus instintos lujuriosos, que empezaba con las primeras personas creadas por Dios, Adán y Eva, ellos fueron los primeros en conocer la sexualidad como forma de reproducción y como placer, ya que Adán, antes de tener a su igual, copuló con todas las hembras animales que había en el Edén, pero no encontraba la satisfacción que daba un cuerpo humano, caliente, y deseable. Pero descubrieron el placer por el placer gracias a Damien, ya que por los manuscritos que había allí, su edad se remontaba a la era de la Pangea. Él, después de la expulsión de Dios, les ayudó a seguir con su vida y a que se multiplicaran sin dejar de lado el deseo.
También había otra persona al la que no conocían aún, pero puede que la conociesen más adelante como ocurrió con Iliana y Phil, todos estaban relacionados, todo tenía que ver, era más bien un estudio, más que una investigación.
Eve Hans que así se llama esta chica nueva, era una joven de veintisiete años, casada pero sin hijos. Damien le mostró el lado oscuro del dinero, le dejó una cuenta bancaria con cincuenta mil dólares limpios para ella, pero no tardó mucho en pulir este dinero, pero además no dejó de trabajar, pero cambió apartir de probar el poder de la riqueza, multaba sin razón, aceptaba sobornos, convenció a su marido para que robara en su propio trabajo.
Pero se dieron cuenta que todo era a raíz de Damien, él era el que ponía la miel en la boca para después quitársela. Se podía decir que su pecado fue incitarlos a ellos a pecar, y eso era suficiente para convertirlo en lo que era ahora.
Además de aquella información, había una pequeña cajita de madera con un candado puesto, busaron la llave abajo, y en cuanto la encontraron fueron a ver que contenía. Esta se encontraba llena de billetes, junto a una nota que rezaba "PARA LOS QUE VENGAN, UTILIZADLO CON CABEZA". Seguramente sería para utilizarlo con Eve, pero no sabían cuando iban a encontrarsela.
Mientras Judith guardaba el dinero y ponía las alas en un lugar fresco y a salvo de la vista de cualquiera, Gabriel aprovechó ese momento para telefonear a Uwe.

-¿Lo tienes ya?- Preguntó primeramente Stain.
-No, aún no, pero estamos cerca, hemos encontrado sus alas- apartir de aquí, le contó un poco por encima de todo lo que había descubierto, sin mencionar aún a la Súcubo.
-No puede estar muy lejos de donde estés, ¿cómo has encontrado tanta información?
-Me ayudó una Súcubo.
-Bien, me gustaría conocerla cuando me entregues al ángel.
-No creo que pueda ser posible- respondió tajante Gabriel.
-¿Y eso por qué?
-Tiene que coger un vuelo y no volverá por aquí, pero yo le puedo dar parte de la recompensa si le place.
-De acuerdo, dale las gracias por todo esto de mi parte.
-Sin problemas, pero antes responda a esto- hizo una pausa, en la que pensó las palabras adecuadas para preguntar- ¿tenemos que ver algo nosotros en todo esto?
-No puedo responderte, solo te diré que no soy exactamente quien crees que soy- y colgó el teléfono dejándole con la palabra en la boca.

Cuando Gabriel se reunió con Judith, a esta no le hizo falta preguntar qué le había dicho, lo había oído todo desde la otra línea, así que también estaba pensativa sobre lo último que le había dicho Uwe.

"¿Qué querría decir con eso?- Preguntó Judith".
"No lo sé, pero tampoco es de nuestra incumbencia, nuestro cometido ahora es encontrar a Damien, ahora parece ser más importante aún".
"Tienes razón, ¿dónde podríamos buscarle esta vez? Ahora estará débil así que no debería ser muy difícil encontrarle".
"Cerca de aquí hay un parque llamado el Edén, habiendo sido lo que fue, puede que esté allí".
"Podemos mirar, por intentarlo".

Arreglaron las cosas para irse, cogieron el dinero, bajaron los documentos abajo y se aseguraron de las alas, para que estuvieran bien y sin ser vistas. No pasaron ni cinco minutos desde que salieron de la casa, cuando vieron a lo lejos a una chica que les resultaba familiar, tanto que era Eve.

sábado, 1 de mayo de 2010


Los Pecados de Dios

Capítulo III
Gula

Horas más tarde, pensaron ir a los bares que Judith prometió llevarle, e investigar al día siguiente en la casa de Iliana. Decidido esto se encontraban de camino del local Eternal Blood. Era uno de los pubs más frecuentados de la ciudad por las tribus urbanas "oscuras", allí se encontraban tanto góticos, como heavys, punkies, emos y darks en general. Aquel día estaba más lleno de lo habitual puesto que solo eran las once de la noche, al entrar ellos el ambiente se volvió tenso, la gente parecía estar escuchando la música de Stratovarius que sonaba sin fuerzas, se pusieron todos tensos al verlos. Ellos no se esperaban esta reacción, pero se dieron cuenta pronto y caminaron tranquilamente a la barra para pedir un par de cervezas. El local estaba bastante oscuro, con luces parpadeantes rojas, en las paredes habían colgados posters de Whitesnake, Metallica, Iron Maiden, AC/DC y también se podía ver alguno de Helloween, Rammstein, Korn. La barra estaba llena de gente que no paraba de reír y hablar. Judith saludó a unos amigos mientras le dirigía una mirada de complicidad a Gabriel.

-¡Hola Shaleen! Cuanto tiempo- dijo Judith por encima de la multitud
-La verdad que sí. ¿Cómo estás?- contestó una chica alta, rubia, una de las pocas excepciones del local, con unos ojos expresivos grandes y negros.
-Muy bien, quiero presentarte a alguien- dijo señalando a Gabriel- él es Gabriel, es un viejo amigo, ha venido a pasar unos días.
-Encantada, yo soy Shaleen Breet, una antigua compañera de clase de Judith.
-El placer es mío, nosotros nos conocemos de un viaje a Hillcrest, hace unos años ya- explicó Gabriel totalmente convincente.
-Dicen que esa ciudad es bonita, ¿no?
-Sí, la verdad, a nosotros nos gustó bastante- respondió esta vez Judith-. Bueno, ¿y tú qué haces por estos lugares?
-Esta es mi segunda casa ya- rió Shaleen-. No, en serio, vengo aquí a menudo, es uno de los pocos sitios con buena música.
-Tienes razón, está muy bien ambientado todo esto.
-¿Y tú cómo estás, que haces aquí?
-Estoy buscando a un amigo en común con Gabriel. Creemos que antes pasaba sus fiestas aquí. No sé si lo conocerás, se llama Damien.
-Me suena, pero seguramente Phil lo conocerá mejor que yo- pronunció aquel nombre con un tono de repugnancia.
-¿Quién es Phil? Hace tiempo que no vengo por aquí, así que necesito ponerme un poco al día- le dijo sin mostrar mucho interés la Súcubo.
-Lo siento, se me olvidaba que no lo conocías. Pues verás, Phillipe Karis es el actual dueño de este local, se lo quedó cuando la policía se lo quitó al antiguo jefe al encontrar una fábrica clandestina de textil en la parte de arriba, soltó un par de miles de dólares y aquí no ha pasado nada. Aún no sé como logra mantener a flote esto.
-¿Por qué?
-¿Por qué? ¡Já! Porque todo lo que gana lo funde en vicios para él, drogas, alcohol, tabaco. Lo poco que deja es gracias al administrador, que le coge dinero para pagar los gastos. Es un miserable, antes no era así, era un tipo normal, pero empezó a juntarse con dueños de otros locales, no tan respetables como este, pero locales al fin y al cabo. Y apartir de ahí, la persona que nosotros conocíamos como Phil desapareció, fue como la llama que se torna negra.
-¿Sabes si podríamos hablar con él?
-Sí, seguro que está arriba en su despacho, las escaleras están ahí, a la derecha de los servicios. Seguramente lo encontraréis tomando unas rayas de coca. Un consejo os doy, si queréis hablar con él, antes buscad buena droga, se vende por cualquier tipo de mercancía.
-Muchas gracias- dijo Judith.
-No me las des mujer, entre amigas no hace falta- le sonrió Shaleen.
-Bueno creo que iremos a hablar con él, a ver si nos puede ayudar a encontrar a nuestro amigo. Espero verte pronto, cuídate.
-Lo mismo te digo- le dio un beso en la mejilla y siguió tomando su bebida y hablando con el camarero.

"No tiene ni idea de cuanto vale la información que nos ha proporcionado- le dijo a Gabriel entre risas silenciosas".
"Me ha gustado tu amiga, es una buena fuente de información, y además rápida, esperemos que Phil también lo sea".
"Lo dudas tanto como yo, ¿verdad?"
"Verdad".
"Debemos conseguir la droga como ha dicho Shaleen".
"Seguro que por aquí hay alguien con un buen alijo, solo es cuestión de saber mirar".
"Sí, puede que tengas razón. ¿Piensas robarla?"
"Por supuesto, ¿tienes otro plan mejor? Bueno, aunque lo tuvieras, esto es más divertido".
"Cierto, empecemos la búsqueda entonces".

Estuvieron bailando sin quitarle ojo a nadie que les pareciera sospechoso de traficante. Se fijaron en un tipo gordo, con los brazos tatuados, moreno y con la boca destrozada, seguramente de probar su propia mercancía y cerciorarse de que era buena. No se le veía muy avispado ya que se notaba perfectamente que hacía allí. Se acercaron disimuladamente, mientras seguían bailando y pudieron oír a un par de niñas hablando con el camello, diciendo algo de éxtasis y contestándole él que las tenía recién importadas desde Lisboa. Pensaron que era el momento idóneo para poder robarle, ya que estaba entretenido con las muchachas. Se fijaron donde guardaba la droga, y era en un pequeño bolsillo en la chaqueta, así que se acercaron por la espalda pero justo en el momento que iban a abrirle el bolsillo, se sacó las pastillas para venderselas a las muchachas. Hecha la transacción volvió a guardarlas en el sitio que estaban.
Judith se fue acercando a él, moviéndose sensualmente, bailando y contoneándose para que no dejara de mirarla y mientras lo distraía, Gabriel se iba acercando por detrás, le abría con cuidado el bolsillo sin que desapareciera la hipnotización a la que estaba siendo sometido, y sacaba las pastillas. Con una cabezada le indicó a la Súcubo que le siguiera, que había conseguido lo que querían, ésta tan rápido llegó, se fue, dejando al camello con la boca abierta mientras seguía con la mirada sus pasos.
Una vez arriba buscaron el despacho de Phil, no era difícil de reconocer, era la única puerta que estaba medio precintada, posiblemente sería la zona de la fábrica y que habría utilizado ahora para su despacho. Entraron y como bien dijo Shaleen, estaba partiendo un montón de polvo blanco en 4 rayas gruesas. Al principio no se dio cuenta de la presencia de los dos demonios, hasta que al tomar la primera raya tuvo que alzar la cabeza. No le sentó nada bien que le estuvieran vigilando, así que se levantó corriendo para cerrar la puerta, pero cayó redondo al suelo de la misma droga que tenía metida en el cuerpo. Judith y Gabriel por su parte entraron tan tranquilos a la habitación, esperando a que Phil se repusiera de la caída. Cuando lo hubo hecho, se sentó, y esperó a que ellos hablaran, pues no sabía el motivo de que estuvieran allí.

-Hola Phil- dijo Gabriel.
-¿Quiénes sois y cómo sabéis mi nombre?- Espetó Phil.
-Quiénes somos no te importa, y tu nombre no tiene importancia.
-Bueno, al menos decidme a qué habéis venido.
-Sí, eso está mejor- contestó esta vez Judith-. Queremos información.
-Información sobre qué. Tengo mucha de muchos tipos.
-Creemos que sabes el paradero de una persona, se llama Damien Min.
-¿Para qué le necesitáis?- Preguntó con cautela el dueño.
-Lo conoces entonces- dijo interesada Judith.
-No he dicho eso, pero algo he escuchado, según dicen es un medio ángel, pero no sé qué quieren decir con eso.
-Seguro que algo más sabes.
-Puede, pero no voy soltando información al primero que viene, a no ser que tenga algo para intercambiarlo.
En ese momento sacaron las pastillas que le cogieron antes al camello, pero no le dieron toda la bolsa, fueron una por una a cada información que consideraban valiosa, hasta saber que la última vez que lo vio fue hace dos meses, que pasó por el local para hablar con él y le dijo que tenía que hacer un viaje, que había dejado algunas cosas en una casa del centro de la ciudad. No les dijo dónde estaba exactamente, pero imaginaron que era la misma casa de Iliana. También les dijo que parecía asustado la última vez que lo vieron, como si hubiese cometido algún error y no pudiera enmendarlo. Cuando decidieron terminar la conversación e irse, les retuvo un poco más.

-Hay algo más que deberíais saber- les advirtió Phil.
-Di.
-No sois los únicos que han pasado por aquí preguntando por él.
-¿Quién más ha venido?
-No sé quién era, pero intimidaba bastante, se creía superior.
-¿Qué le revelaste?
-Nada, no me ofreció nada, así que yo no sabía nada en ese momento- terminó con una sonrisa malévola.
-Está bien, si vuelve mejor que no le digas nada- advirtió esta vez Gabriel.
-Tú no mandas en mí, no mandáis. Yo le diré lo que sea a quien yo desee.
-Tú verás.

Se fueron un poco decepcionados, la mitad de la información ya la sabían, pero al menos ahora estaban más alerta al haber más gente buscándole. Ahora ir a casa de Iliana se había convertido en una prioridad, fueron lo más aprisa posible hacia la dirección que les dio, aquella calle Free House Calls, 158 estaba a unos veinte minutos del Eternal Blood. Buscaron el número rápidamente y dieron con una casita de dos plantas, que daba la sensación de haber sido una casa pulcra, con un bonito jardín cuidado. Ahora estaba todo manga por hombro, la valla rota, la puerta tenía un letrero de abandonado. Entraron con cuidado asgurándose que estaba totalmente vacía, una vez dentro empezaron a buscar algo que les pudiera ayudar en todo aquel embrollo, algún documento, alguna foto, cualquier cosa que les llevara a su próxima pista. Ni en el salón ni en la cocina, que eran las salas principales de la planta baja, había nada de interés. Subieron a la parte de arriba sin perder detalle de nada, donde primero miraron fue en el dormitorio principal, en la cómoda, en el armario, en cualquier lugar con cajones, pero como les pasó abajo no encontraron nada. En el cuarto de la niña, pues estaba todo pintado de rosa con flores, solo encontraron unos dibujos de lo que parecía ser lo que buscaban, pero al estar pintado con demasiado rojo no lo sabían a ciencia cierta. Decididos ya a irse, se encaminaron hacia abajo pero Gabriel se fijó en una pequeña puerta debajo de la escalera. Era la alacena y cuando lo abrió y vieron lo que había no pudieron evitar pensar a la vez.

"No puede ser".